Por María José Sáez Page
“Un autor del periodo
romántico burlándose de lo romántico.”
Edgar Allan Poe crea un personaje,
que representa la idealización del hombre de la época frente a uno de sus
elementos más característicos: El amor. El amor romántico, tan bellamente
descrito por los poetas ingleses, es humillado cuando nuestro paradojalmente
llamado "Napoleón Bonaparte", protagonista de la historia, inicia su
relato justificándose a través de lo que denomina de manera tan sencilla como
“flechazo”. Nos advierte del juicio negativo que ha puesto la sociedad del
período sobre tal idea, por lo que utiliza su caso como prueba empírica y
fiable de la existencia de tal “fenómeno”.
“El flechazo”, denominación del
amor a primera vista, le juega una mala pasada cuando cree sentirse enamorado
profundamente de una mujer a la que ni siquiera
puede ver en detalle a causa de una vista defectuosa que evita asumir “…tuve
la certeza de que mermaría muy poco, si esto era posible, si las facciones de
su rostro no me mostraran más que unos rasgos vulgares.” afirmándonos con
decisión que la fuerza del sentimiento en su interior está muy por sobre la
apariencia.
Cosa que expresa sin saber que nos
habla acerca de una mujer con ocho décadas ya acuestas, y que si bien el narrador
intenta hacernos ver en su relato tal situación como algo común y natural, si
somos lectores audaces, ubicará en nuestro interior “el bichito de la duda”,
esa sensación de que algo se oculta ante la importancia tan grande que cobra la
escena en el desarrollo de la trama.
A pesar de que la narración busca
la despreocupación sobre las diversas pistas acerca del desenlace, estas se encuentran
por toda la relato de manera inmediata o
solo comprensibles llegados al final de la historia. Primeramente y como indicio fundamental,
tendremos la caracterización de nuestro protagonista. De modo tal que en cuanto
te enteras de su particular capacidad visual, puedes relacionarla casi de
inmediato con el título mismo de la obra y objeto relevante en el motivo de
ella. “Los anteojos” ya nos vienen a dar pistas del posible y cómico final ¿Y no es también una burla directa a la
ceguera (ideal) del hombre romántico con respecto al tópico del amor?
De todos modos, tales señales no
son las únicas pistas del tragicómico desenlace. La descripción familiar
detallada entregada por Napoleón en un principio, responde a un indicio que
genera de inmediato una hipótesis en el lector, que se puede confirmar cercanos
al final, cuando ya enterado de la verdad, su tatarabuela y casi esposa le
cuenta toda la verdad expresando su historia familiar de tal manera que: "...
este discurso produjo una gran pasión en la señora Simpson...". El
parentesco, podemos inferir, no solo se manifestaba en el físico, como Eugenia
a través de los gemelos había notado, sino que también a través de la herencia
que conlleva a una clase de orgullo familiar por ambas partes.
Con otras huellas (la mención
directa de Ninon de Lenclos, mujer destacada por involucrarse sentimentalmente
con su hijo) y el final burlesco y humorístico del relato mismo, busca en el
lector igual efecto sobre el personaje protagónico. Consecuencia imposible de
evitar cuando nos describen a una Eugenia bailando un fandango por sobre el
disfraz desparramado en el piso, cual acto grotesco, denigratorio, del hombre
que juraba estar en lo correcto sobre la pasión tan poderosa que sentía en su
interior. Tal situación puede ocurrir
como una opción, pero por otro lado, también podría el lector juzgarse burlado, al identificarse con el apasionado
sentimiento del protagonista, dejándose llevar
y no vislumbrando tempranamente el sentido de la obra.
La ironía de la idealización del
amor expresada en esta historia, es el vehículo a través del cual nuestro autor ridiculiza
la visión del amor de sus contemporáneos, menospreciándola y desarrollándola en
este relato de tal modo que nos lleva a pensar que “siempre hay algo más,
detrás de un flechazo”.
No hay comentarios:
Publicar un comentario